ANTONIO MEUCCI, INVENTOR DEL TELEFONO
Cápsula 396 del 6 de Marzo del 2010
Investigación y Guión: Conti González Báez
Aunque la invención del teléfono se le atribuyó durante más de un siglo al estadounidense Alexander Graham Bell, el Congreso de los Estados Unidos reconoció en 2002 que fue inventado por el científico italiano Antonio Meucci, como lo han mantenido siempre los libros de texto en Italia.
Antonio Santi Giuseppe Meucci nació en Florencia, Italia, el 13 de abril de 1808. Estudió ingeniería en la Academia de Bellas Artes de esa ciudad.
Trabajó como técnico en varios teatros italianos e ideó un sistema para permitir que los trabajadores se pudieran comunicar a distancia. Desarrolló un teléfono neumático acústico, que todavía se utiliza en el Teatro Della Pergola de Florencia.
A los 25 años fue encarcelado, por participar en el movimiento de la unificación italiana. Se casó con la diseñadora de vestuario Esther Mochi el 7 de agosto de 1834.
Al año siguiente, ambos emigraron al continente americano. Llegaron a Cuba, donde Meucci trabajó como tramoyista en el Gran Teatro Tacón de La Habana.
Inventó un nuevo proceso de galvanizado que se aplicó al material militar y otro de filtros para la depuración del agua, introdujo el uso de la parafina en la fabricación de velas y desarrolló un sistema de electroshocks terapéuticos que se hizo muy popular en La Habana.
Un día que iba a administrar los choques eléctricos a un amigo, dejó a éste solo por unos momentos. Mientras Meucci estaba en otra habitación, su amigo habló y él oyó lo que le decía, pero saliendo de los cables de cobre que unían las dos habitaciones.
Sorprendido, comprobó que su amigo había hablado justo encima de los cables. Había descubierto que la transformación de las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos permitía transmitir la voz a distancia a través de un cable.
Se dio cuenta del potencial que tenía su descubrimiento y decidió mudarse a Nueva York, para desarrollar esta tecnología. Él y su esposa emigraron a los Estados Unidos y en 1850 se establecieron en Clifton, Staten Island.
Antonio Meucci fue muy respetado y apreciado por la comunidad italiana de Nueva York. Puso una fábrica de velas y acogía a cualquier compatriota que necesitara ayuda. El héroe italiano Giuseppe Garibaldi fue uno de ellos.
Meucci pasaba días enteros encerrado en el taller que tenía en el sótano de su casa, casi sin comer ni dormir. En 1854, después de una noche en vela, tuvo clara su idea y la describió así:
“El invento consiste en un diafragma vibrante y un magneto, electrizado por un hilo en espiral que lo envuelve. El diafragma, al vibrar el sonido de la palabra, altera la corriente del magneto y produce una serie de interrupciones eléctricas muy rápidas, como los movimientos vibratorios del diafragma. Al transmitirse a la otra punta del hilo, imprimen análogas vibraciones al diafragma receptor y reproducen la palabra”.
Lo que estaba describiendo era un teléfono, aunque lo llamó teletrófono. Como su esposa Esther casi no podía moverse debido al reumatismo, instaló varios teléfonos que comunicaban el sótano con los otros dos pisos de la casa.
En 1860 intentó fundar la “Teletrophone Company” pero sólo logró reunir 20 dólares de sus amigos. Aunque la descripción del aparato se publicó en los periódicos italianos de Nueva York y Meucci organizó demostraciones prácticas de su invento para atraer inversionistas, no tuvo suerte.
Su situación financiera era muy mala en 1861. Se agravó cuando explotó el barco de vapor Westfield, en el que iba a Nueva York; el inventor sufrió severas quemaduras.
Mientras estaba en el hospital, su mujer se vio obligada a vender muchos de sus prototipos, incluyendo el del teletrófono, a un joven desconocido por seis dólares.
Meucci volvió a reconstruir sus trabajos e incluso los mejoró. Quería patentar su invento, pero era muy caro. Lo que hizo fue tramitar una prepatente, documento en el que se indica lo que se va a patentar, el 28 de diciembre de 1871.
Ya con la prepatente en su mano, presentó su prototipo a la poderosa empresa de telegrafía Western Union Telegraph Company. Incluso habló con su vicepresidente, Edward Grant, para ofrecerle una demostración de su teletrófono o telégrafo parlante. La compañía no pareció muy interesada.
Antonio Meucci renovó la prepatente en 1872 y 1873, pero no tuvo el dinero necesario, 10 dólares, para hacerlo en 1874. Nadie ayudó al anciano, por lo que pidió a la Western Union la devolución del material que había presentado; le contestaron que se había perdido.
Dos años más tarde, leyó con asombro los titulares de la prensa, que celebraban la invención del teléfono por Alexander Graham Bell, patrocinado por la Western Union.
Lo presentó oficialmente en la Exposición de la Electricidad de Filadelfia. Entusiasmado, Lord Kelvin afirmó: “¡Es el descubrimiento más grande del siglo!”.
Al enterarse, Meucci pidió a su abogado que hiciera los trámites necesarios ante la Oficina de Patentes, pero éste nunca lo hizo. Un amigo logró contactar con la Oficina de Patentes de Washington y le dijeron que todos los papeles se habían perdido.
Investigaciones posteriores demostraron connivencia entre los empleados de patentes y la compañía Bell. Más tarde hubo un juicio entre ésta y la Western Union, donde salió a relucir que había un acuerdo para repartirse los beneficios de la comercialización del “telégrafo parlante”. Bell tenía que pagar el 20% de los beneficios a la Western, durante 17 años. La pregunta era ¿por qué?
En 1885, otros dos estadounidenses también reclamaron haber descubierto el teléfono antes que Bell. El caso se convirtió en una cuestión de estado y el presidente Grover Cleveland pidió personalmente que se suspendiera la acción penal contra Bell.
Al año siguiente, hubo un juicio de Meucci contra Bell. Los abogados de la empresa trataron de callar por todos los medios a Meucci, pero éste logró exponer todos los datos y demostrar la veracidad de sus afirmaciones.
Había pruebas suficientes para atribuirle la prioridad y la Suprema Corte Federal de los Estados Unidos dio su veredicto inapelable: “El italiano Antonio Meucci es reconocido como el primer inventor del teléfono y Alexander Graham Bell es sólo un impostor”.
Pero como los derechos de Meucci habían prescrito en 1873, tres años antes de la patente obtenida por Bell, Meucci no tuvo derecho a nada y a Bell no lo sancionaron.
Antonio Meucci dedicó sus últimos años a intentar obtener el legítimo reconocimiento de sus derechos. ¿Cómo podía un hombre viejo, solo y desconocido enfrentarse contra una sociedad multimillonaria?
Su genio creador chocó con su escaso conocimiento del inglés y poca desenvoltura ante las artimañas legales y los intereses económicos de las grandes corporaciones estadounidenses.
El famoso inventor Thomas Alva Edison envió una carta a su favor, pero los abogados de Bell lograron retrasar año tras año el juicio, hasta que Meucci murió y el caso fue sobreseído.
El inventor italiano falleció pobre y amargado el 18 de octubre de 1889, sin que sus contemporáneos le reconocieran la paternidad de un invento que revolucionó el mundo de las comunicaciones.
En 1923, la Orden de los Hijos de Italia en Estados Unidos inauguró un monumento a la memoria de Antonio Meucci como “inventor del teléfono”.
Gracias en gran parte a una campaña de la influyente comunidad italo-estadounidense, encabezada por el diputado Vito Fossella, el 11 de junio de 2002 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la resolución 269, reconociendo que fue Antonio Meucci el inventor original del aparato.
Los congresistas reconocieron que su teletrófono se mostró públicamente en Nueva York en 1860, 16 años antes de que Bell patentara su aparato. El veredicto afirmó que la vida y logros de Antonio Meucci debían ser reconocidos, así como su trabajo en la invención del teléfono.
En su declaración, recibida en Italia como la victoria póstuma de un personaje maltratado por la Historia, los legisladores estadounidenses admitieron que de haber contado Meucci con aquellos diez dólares, Bell no hubiera podido patentar el invento del teléfono como suyo.
Como dato curioso, según el escritor Isaac Asimov, hubo aproximadamente ¡600 demandas! relacionadas con las patentes del teléfono Bell.
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