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LAS HERMANAS BRONTÉ
Cápsula 90 del 03 de Abril de 2004
Investigación y Guión: Conti González Báez
Apasionadas de la literatura, las hermanas Charlotte, Emily y Anne Brontë vivieron en una época que no las comprendía. La mujer no tenía cabida en el mundo intelectual en la Inglaterra del siglo XIX. Pese a todo, ellas se propusieron luchar contra su tiempo y dedicarse a escribir.
“Cumbres Borrascosas”, “Jane Eyre” y” Agnes Grey”, las tres obras más famosas de estas hermanas, fueron criticadas duramente en la época, pero no porque fueran malas o poco interesantes, sino porque a la mujer no se le atribuía la capacidad de destacar en el arte.
Los Brontë conformaban un estrecho núcleo familiar. Su padre, el irlandés Patrick Brunty, fue primero aprendiz de tejedor, después maestro de escuela y finalmente clérigo. En sus tiempos de estudiante de Teología, cambió su apellido transformándolo en Brontë, palabra derivada del griego y cuyo significado es “trueno”.
El pastor anglicano fue nombrado rector de Haworth, un pueblo de los páramos de Yorkshire, en donde nacieron las futuras escritoras y al que desde entonces quedó ligada la familia.
Patrick se había casado con Mary Branwell en diciembre de 1812. Aunque era quince años menor que su esposo, ella murió muy joven, de cáncer de estómago, luego de haber dado a luz seis hijos: Mary, Elizabeth, Charlotte, Branwell, Emily y Anne.
Una hermana soltera de Mary, Elizabeth Branwell, se ocupó de la crianza de los seis niños huérfanos. Era una mujer áspera, de rígidas costumbres religiosas. En sus tareas le ayudaba un ama de llaves, Tabby.
Las niñas Brontë tuvieron la suerte de nacer en la familia de un pastor anglicano, ya que en su hogar aprendieron a leer y a escribir, a comentar los textos y a usar su cabeza, en lugar de quedar limitadas por las faenas del hogar. Gracias a ello se convirtieron en mujeres ilustradas.
Charlotte y Emily fueron enviadas con sus hermanas mayores, Mary y Elizabeth, al un colegio para las hijas de los clérigos en Cowan Bridge. Las malas condiciones y la férrea disciplina de este colegio inspiraron a Charlotte Brönte para describir el infame colegio Lowood que aparece en su novela “Jane Eyre”.
Por el descuido con el que eran tratadas, Mary y Elizabeth volvieron enfermas a Haworth y murieron de tuberculosis en 1825, a los 11 y 10 años. Emily y Charlotte regresaron a casa muy enfermas de la misma afección. Por este motivo y por las pésimas condiciones del colegio, la familia las sacó del internado.
La pequeña Charlotte era un alma atormentada y con profundas dolencias físicas, que había apreciado muy de cerca la muerte de sus hermanas cuando apenas estaban en la flor de la vida.
Su carácter trágico y sombrío cambió al sentirse obligada a asumir el cuidado de sus hermanas Emily y Anne, quienes también dedicaron su vida a un abnegado sufrimiento. Charlotte supo escucharlas y también ser la jefa natural de las hermanas, con una energía y capacidad de organización que fue el motor de las tres.
El lugar donde vivían era triste y malsano: una destartalada vicaría de los desolados páramos de Yorkshire, con el cementerio adyacente. Educadas por un padre estricto y bastante excéntrico, las Brontë volaban hacia el mundo con el pensamiento, para escapar de una vida llena de privaciones materiales y morales.
La imaginación desbordada del padre ayudó a que su infancia fuera un lugar maravilloso lleno de libros, arte y juegos, por medio de los cuales se evadían de la aridez del ambiente y de las influencias victorianas de la época.
Para divertirse entre ellas en aquel pueblo aislado, transformaron con su imaginación unos soldados de madera en personajes de una serie de historias que escribieron sobre el reino imaginario de Angria, propiedad de Charlotte y su hermano Branwell, y el de Gondal, que era el de Emily y Anne.
Se conservan un centenar de cuadernos escritos a mano de las crónicas de Angria, pero ninguno de la saga de Gondal, a excepción de algunos poemas de Emily. La relación de estos relatos con las novelas que después escribieron sigue siendo de gran interés para los eruditos.
Charlotte fue educada por su padre y además asistió al colegio de Miss Wooler en la cercana población de Roe Head, de donde egresó como profesora a los 19 años y pudo convertirse en maestra de sus hermanas.
Después regresó a Roe Head como profesora, llevando a Emily, de 17, con ella. Más tarde, ésta también fue a enseñar a una escuela, cerca de Halifax, actividad que aborrecía. Con sus sueldos financiaron los estudios de Arte de su hermano Branwell, quien soñaba con ser pintor y fue enviado a Londres. El único hijo varón, del que el padre esperaba que fuera el genio de la familia, era el único con licencia para destacar en el campo intelectual.
A los 19 años, en busca de apoyo, Charlotte le envío unos versos de juventud al poeta laureado Robert Southey y recibió un chasco como respuesta: "La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca". El desprecio sufrido no le quitó el deseo de ser escritora.
Su padre, un hombre contradictorio, de carácter excéntrico y voluble, conversaba habitualmente con sus hijas de política y las animaba a leer a Lord Byron pero, por otro lado, consideraba su interés por la escritura un simple hobby.
Las hermanas Brontë tuvieron que enfrentarse a un entorno hostil. En su vida personal, casi no se relacionaban con el exterior y apenas tenían contacto con los hombres. De cualquier forma, estas tres mentes se adelantaron a su tiempo e iniciaron una lucha que años después sería ganada.
A los 26 y 24 años, Charlotte y Emily intentaron abrir una escuela privada, pero el proyecto fracasó. Las hermanas no se dieron por vencidas y se trasladaron a estudiar música e idiomas a un internado privado en Bruselas, ya que el único futuro posible para una joven honesta de entonces, si no se casaba, era el de institutriz o bien señorita de compañía y para eso había que estar preparada.
Allí se produjo un encuentro trascendental para Charlotte, al conocer a Constantin Heseir, el director de la academia, por el que se sintió atraída en un primer amor no correspondido.
El repentino fallecimiento de su tía Elizabeth, quien se encargaba de la casa familiar, las obligó a volver a Inglaterra. Emily se quedó como administradora de la casa y es en este lugar donde pasó gran parte de su vida, acompañada únicamente por sus hermanas y aislada del mundo de las relaciones sociales o la amistad de otras jóvenes de su edad con las que pudiera compartir inquietudes distintas a las exclusivamente familiares.
Anne, la más joven, entró a trabajar a los 19 años como institutriz con la familia Ingham, cerca de York. Se encontró con unos niños ingobernables y consentidos a los que no le permitían educar con la disciplina que necesitaban y se marchó por propia voluntad, un tanto frustrados sus ideales educadores. Esta decepcionante experiencia fue luego inspiración para su primera novela, “Agnes Grey”.
Después Anne entró de nuevo como institutriz en la casa del reverendo Edmund Robinson, repitiéndose con las niñas los mismos problemas que en el anterior desempeño de su labor docente. Sin embargo, en esta ocasión pudo no sólo domar a sus alumnas Bessy y Mary, sino que consiguió que éstas le cobraran verdadero afecto y no llegaran a olvidarla nunca.
La corta vida de Anne Brontë, desprovista de todo elemento romántico amoroso, se deslizó melancólica entre sus clases, sus novelas, sus paseos por la playa de Scarborough en vacaciones y el cuidado obsesivo que tenían las tres hermanas por Branwell, el niño mimado de la familia, a quien se le toleraba cualquier cosa.
En el caso concreto de Anne, ella compartió con su hermano la enseñanza de los niños de la familia del reverendo Robinson, al introducirlo personalmente allí con objeto de que diera clases de música al pequeño Edmund, con el resultado desastroso de que Branwell se enamoró de Lydia Robinson, la madre de su discípulo, pasión que duró dos años y medio, lo que ocasionó un verdadero drama familiar para los Brontë y los Robinson.
El joven era dado a la bebida y al opio, sin posibilidad de enmienda. El alcoholismo de Branwell serviría, no obstante, para que Anne escribiera su novela “El Inquilino de Wildfell Hall”, criticada en su tiempo, incluso por la propia Charlotte, al considerarse que no era “apropiada” debido a la crudeza del tema, como literatura femenina. Ahora, sin embargo, se le aprecia debido a la alta calidad descriptiva de una situación muy delicada y magistralmente escrita: la influencia del alcoholismo en las vidas de quienes, directa o indirectamente, lo sufren.
Branwell poseía alma de artista y a él se deben varios retratos de sus hermanas, pero en otros aspectos, era un perfecto “bueno para nada” que había fracasado primero como pintor retratista y después como empleado ferroviario. Hombre caprichoso, violento, colérico, débil de carácter, apasionado, siempre egoísta y manipulador, arruinó su salud y su vida, complicando la de sus familiares de paso, aunque nadie pareció darse cuenta de ello, ya que era el niño mimado al que se le perdonaba todo.
Mientras tales cosas sucedían, una existencia enrarecida bajo el techo de la familia del clérigo Patrick Brontë, las muchachas escribían poemas y novelas.
Charlotte regresó sola a Bruselas y se ganó la vida trabajando como profesora de inglés en el internado. Su director, Constantin Heseir, no era al parecer muy agraciado físicamente, tenía una actitud autoritaria y para colmo estaba casado, pero sin embargo era un personaje magnético que atrajo a Charlotte por la atención que le prestaba: le dio buenos consejos para su futuro desarrollo como escritora y leyó atentamente sus primeras tentativas literarias.
En este sentido, no es extraño que el interés que Heseir mostraba hacia ella entusiasmara a Charlotte, pero cuando ella se mostró enamorada, no fue correspondida y Heseír se distanció cada vez más. Ella decidió regresar a Inglaterra, donde escribió "El Profesor", su primera obra, que no fue publicada hasta después de su muerte.
En otoño de 1845, el descubrimiento por Charlotte de los poemas de Emily las decidió a publicar un libro con las poesías de las tres hermanas, que publicaron con los seudónimos de Currer Bell, Ellis Bell y Acton Bell, empleando cada una las iniciales de su nombre en el suyo.
Ellas mismas pagaron su publicación, pero sólo se vendieron dos ejemplares. Años después, la poesía de Emily Brontë ha sido reconocida como una de las mejores del siglo XIX y sigue siendo admirada por su originalidad, su lírica y sus imaginativas referencias personales.
Este fue el punto de partida para que luego las hermanas Brontë se dedicaran a escribir sus propias novelas.
Con la imaginación, creando sus personajes y ambientes, Charlotte, Emily y Anne Brontë intentaban huir de una realidad que no las ayudaba.
La primera novela que se publicó en 1847 fue “Jane Eyre”, de Charlotte, quien tenía 31 años. Tuvo un éxito inmediato y provocó un escándalo por la forma directa, "vulgar" para la época, de abordar las pasiones de su protagonista, una pobre huérfana que tras pasar su infancia en un lúgubre colegio de Lowood, entra como institutriz en casa de la familia Rochester. La joven conquista el corazón del señor de la casa y cuando están a punto de casarse, tendrá conocimiento de una realidad que cambiará su vida.
Pocas mujeres en la Inglaterra de la Reina Victoria se atrevieron a hablar de los deseos y necesidades de las mujeres, las cuales eran consideradas seres asexuados sin deseos ni aspiraciones de poder.
La protagonista denunciaba la desigualdad de las mujeres frente a los varones, ya que si bien tenían acceso a la educación, no poseían el derecho a aspirar a nada más que hacer pasteles y remendar calcetines. La necesidad económica les forzaba a la servidumbre, teniendo como alternativa el matrimonio, en realidad, otra forma de servidumbre.
Los intentos de Jane por extender sus capacidades intelectuales y su espíritu independiente fueron considerados extraños y subversivos. La obra fue incluso calificada como inmoral, ya que las mujeres no tenían derecho a decir lo que pensaban.
La popularidad de “Jane Eyre” nunca ha declinado y constituye una expresión apasionada de las inquietudes y problemas femeninos.
Apareció más adelante en ese mismo año “Agnes Grey”, de Anne, quien tenía 27 años, una árida revelación basada en los comentarios autobiográficos del bajo nivel material y moral de una institutriz victoriana. Es un relato íntimo de amor y humillación en el que el yo más vulnerable se enfrenta al yo más severo. Será la lucha personal de la protagonista.
Meses después, Emily, de 29 años, publicó “Cumbres Borrascosas”, obra descalificada por la crítica durante mucho tiempo. La historia de tres generaciones de una familia en la Inglaterra rural es el centro del argumento de la obra. La fuerza de las pasiones ha cautivado a lo largo de los años al público, pero la intensidad de su sentimiento, la brutalidad de los personajes, las energías primitivas de amor y odio que impregnan la novela fueron juzgadas como salvajes y burdas por los críticos decimonónicos.
Lo verdaderamente cierto es que “Cumbres Borrascosas” es una gran novela, anticipada a la época en la cual se publicó, y que su autora ha visto, por fin, reconocido el prestigio que merece.
Durante años, el libro yació olvidado por no considerársele, ni siquiera, una buena novela, mientras Charlotte se hacía famosa con “Jane Eyre”, convirtiéndose en una escritora consagrada, y Anne era a su vez aceptada como buena literata, aunque con reservas.
Las Brontë forjaron en sus obras, cada hermana con matices diferentes, un mundo propio. Sus vigorosos relatos, en los que se reflejan la vida en los páramos y las peripecias de las muchachas que se dedicaban a la enseñanza, causaron fuerte impresión y aún hoy conmueven por su verismo autobiográfico y lo tajante de sus situaciones y caracteres.
Si el temprano libro de poemas significó un enorme fracaso de ventas, las novelas de Currer, Acton y Ellis Bell obtuvieron un éxito instantáneo, tan grande que avivaron mil especulaciones sobre la identidad de sus autores. El público y los propios editores estaban lejos de imaginar que los Bell eran, en realidad, tres mujeres.
Cuando tímidamente enviaron a editores de Londres sus primeras novelas, tenían pocas esperanzas de que las publicaran, pero el milagro se había producido, sin que ni siquiera su padre, el reverendo Patrick Brontë, se enterara de la historia.
Lo extraordinario era que todos los tratos relativos a la publicación se habían hecho por correspondencia. La especulación se mantuvo hasta que visitaron Londres y se dieron a conocer a sus editores.
La publicación de la segunda novela de Anne, “La Inquilina de Wildfell Hall”, obligó a Charlotte a confesar ante George Smith las verdaderas identidades de los Bell. La entrevista con el editor demandó un viaje a Londres, raro porque las hermanas llevaban una vida poco social, enclaustradas en su casa familiar.
Smith, importante editor de Londres, quedó sorprendido cuando le anunciaron la visita de Currer y Acton Bell y aparecieron ante su presencia dos tímidas y sencillas muchachas. Eran Charlotte y Ann Brontë, que por primera vez tomaban contacto personal con la editorial que publicara sus libros “Jane Eyre” y “Agnes Grey”.
Hasta ese momento, Smith había supuesto que se trataba de hombres, pues así lo infirió de los nombres con que firmaron las obras. Su asombro no tuvo límites y a partir de allí se dedicó a agasajar a las jóvenes escritoras, que conocieron los halagos de la popularidad.
A su regreso a Haworth encontraron a su hermano Branwell agonizando. Murió el 24 de septiembre de 1848, a los 31 años. Su muerte marcó una profunda huella en Emily, quien lo adoraba igual que el resto de la familia, pero en ella aquel afecto quizás caló más hondamente que en ninguno.
A la vuelta de su entierro, Emily cogió frío, que se concretó en un resfriado, a cuya curación prácticamente se negó al rechazar al médico, lo que finalmente complicó su tuberculosis y la llevó a la tumba, el 19 de diciembre del mismo año. Tenía 30 años.
La segunda novela de Anne, “La Inquilina de Wildfell Hall”, donde aborda el espinoso tema del alcoholismo y el maltrato doméstico, constituyó un formidable éxito de ventas y conoció en pocos meses una segunda edición, aunque la crítica juzgó inapropiado el argumento para ser escrito por una mujer.
Lamentablemente, poco pudo disfrutar Anne la gloria literaria, pues murió el 28 de mayo de 1849, sólo cinco meses después de su hermana Emily.
Los postreros días de Anne Brontë, enferma de tuberculosis, fueron tristes. Fue apagándose como una vela y sus últimas palabras, dedicadas a la superviviente que no se separaba de su cabecera, fueron éstas:
-Ten valor, Charlotte, ten valor.
Anne Brontë reposa enterrada en Scarborough, un bello lugar costero que ella amó intensamente, por haber vivido en él los momentos más felices de su breve existencia.
Las tempranas muertes de Emily y Anne, aparte de detener sus carreras literarias de un modo abrupto, sumieron a Charlotte en una depresión y estado de soledad muy severos.
Se quedó viviendo sola con su padre y dedicándose a la literatura. Publicó "Shirley", novela en la que aborda el impacto de la revolución industrial en su Yorkshire natal, con un retrato de la lucha entre patronos y obreros de la industria textil. Fue la última de sus novelas que tuvo éxito.
Las experiencias que vivió en el internado de Bruselas y que la marcaron para toda la vida le sirvieron para plasmar la soledad, nostalgia y aislamiento de Lucy Snow en otra novela, “Villete”.
Charlotte Brontë hizo una serie de viajes a Londres, Manchester y Escocia. Conoció a William Makepeace Thackeray, un autor al que admiraba al punto de haberle dedicado “Jane Eyre”; visitó la Gran Exhibición del '51 en Londres, al igual que Dickens y tantos otros escritores marcados por la creciente industrialización y se hizo amiga de la escritora Elizabeth Gaskell.
En 1850, los editores decidieron volver a publicar “Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë. Para la supervisión convocaron a Charlotte, quien corrigió diversas erratas y aparentemente no pudo resistir la tentación de meter mano en algunos pasajes. Quitó fragmentos para que se pudiera publicar en un solo volumen, en lugar de los tres originales. También se permitió cambiar la puntuación y desde entonces, la versión que corría del famoso libro, siendo objeto de numerosas traducciones, era de Charlotte y no de su autora.
Pero en 1963, el editor William Sale Junior, de Nueva York, publicó, tal cual lo escribió Emily Brontë, el texto íntegro de “Cumbres Borrascosas”, del que en 1978 se realizó una traducción en español debida a Rolando Costa Picazo y editada por Javier Vergara.
Mientras escribía “Villette”, Charlotte recibió la propuesta matrimonial del reverendo Arthur Bell Nichols, pastor asistente de su padre en la parroquia y un viejo amigo de la familia. En un principio el padre desaprobó la idea de la boda, pero lentamente fue cambiando de opinión.
La escritora y el reverendo Bell Nichols, cuyo primer apellido era igual al seudónimo de las hermanas, se casaron el 29 de junio de 1854. Viajaron de luna de miel a Irlanda y luego visitaron Gawthorpe Hall, donde Charlotte cayó gravemente enferma de neumonía.
Estando embarazada de su primer bebé, murió de tuberculosis el 31 de marzo de 1855. Tenía 39 años y fue la más longeva de las hermanas Brontë.
La primera novela de Charlotte, “El Profesor”, terminada en 1846 y revisada posteriormente por la propia autora, fue rechazada hasta ocho veces por diversos editores. La escritora insistió a lo largo de toda su vida en publicarla, pero siempre se topó con un tajante no como respuesta. Finalmente, el libro fue publicado dos años después de su fallecimiento, con un prólogo a cargo de su viudo Arthur Bell Nicholls.
"El Profesor" fue una novela incomprendida en su época porque, con su tono realista y sus personajes condenados a una vida de duro trabajo con pocos placeres, rompía moldes.
También dos años después de su muerte, se publicó “La Vida de Charlotte Brönte” escrito por su amiga la novelista Elizabeth Gaskell. Conoció un éxito inmediato y es una biografía ya clásica, escrita a instancias del padre de la novelista, el reverendo Patrick Brontë, quien a pesar de su mala salud sobrevivió a todos sus hijos.
Las hermanas Brontë son un claro exponente del romanticismo universal y del inglés en particular. Hoy en día cuentan con millones de lectores y admiradores en todo el mundo y sus obras han sido llevadas varias veces al cine y la televisión.
Las obras de Charlotte, Emily y Anne Brontë transcendieron la época victoriana para convertirse en clásicas de la literatura universal.
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