ROSALIND FRANKLIN
Cápsula 42 del 03 de Mayo de 2003
Investigación y Guión: Conti González Báez
Durante 50 años, la historia de la ciencia ha sostenido que los descubridores de la doble hélice del ADN fueron Crick y Watson. En los últimos años, las investigaciones han sacado a la luz la labor de Rosalind Franklin, sin cuyas radiografías sus colegas no hubieran llegado tan rápido a la meta. Hoy se puede decir que si ellos son los “padres” del hallazgo de la estructura helicoidal de la molécula, Franklin merece ser considerada la “madre”.
El ADN o ácido desoxirribonucleico es el material que está en el núcleo de las células y que da las instrucciones vitales para el organismo humano. Sirvió para conocer la identidad de las personas y construir el mapa del genoma humano.
En estos días, un caso policial puede darse vuelta a partir del ADN que dejó el violador o asesino. Un hijo no reconocido puede recibir una herencia millonaria tras hacerse un test que identifica quién era su padre. O una pareja puede apenarse mucho al enterarse de que el bebé por nacer sufrirá una enfermedad incurable.
Comprender el ADN resultó esencial para la biotecnología, que permite a los científicos expresar características favorables, transfiriendo ADN de un organismo a otro, diseñando nuevos fármacos para ayudar al organismo a hacer lo que no podía hacer por sí solo o cultivos que pueden protegerse a sí mismos contra las enfermedades.
Por ejemplo, a través de la biotecnología, los investigadores han creado plantas de maíz resistentes al gusano de la raíz, que se alimenta de las raíces de las plantas, lo que cada año permite a los agricultores evitar pérdidas millonarias.
Recientemente, se logró la identificación de los restos de 1,490 personas que murieron en los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, a través de su ADN. Los resultados obtenidos probaron la presencia de hombres y mujeres de 44 países en los edificios desplomados, en una investigación que aún continúa.
El descubrimiento de la estructura del ADN cambió el rumbo de la biología y de la historia de la cultura humana. Permitió descifrar el mecanismo de funcionamiento de los seres vivos y de la perpetuación de la vida.
Por primera vez en un país de América Latina, los científicos más importantes en el ámbito de la genética, la genómica, la biotecnología y la biología mundial, se reunieron esta semana, del 27 al 30 de abril, en Cancún, México, para celebrar el congreso anual de la Organización del Genoma Humano.
En el evento se rindió un homenaje a los 50 años del descubrimiento de la doble hélice del ADN y al fin de la secuenciación del genoma humano, ambos eventos ocurridos el mes pasado.
Cuarenta años después de que Watson, Crick y Wilkins recibieran el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, su modelo de ADN sigue siendo un emblema del espectacular avance de la ciencia en el siglo pasado.
Antes del hallazgo, ya se sabía que el ADN era el portador de la información genética, pero no se tenía ni la más remota idea de cómo se transmitía esta información de una célula a sus hijas y mucho menos de cuál era el lenguaje que usaban los genes para ordenar la fabricación de las proteínas.
Sin embargo, la historia de los acontecimientos que se dieron para desvelar la estructura de la "molécula de la vida" es poco conocida y muy truculenta, con intrigas, robos, descalificaciones y egoísmo.
El 28 de febrero de 1953 era una tarde típica en Cambridge, Inglaterra, pero los clientes de uno de los pubs cercanos al río, “El Águila”, asistían ese día a un anuncio que revolucionaría la biología. Dos jóvenes investigadores entraron en el local y uno de ellos, Francis Crick, anunció en voz alta a los presentes: “hemos encontrado el secreto de la vida”. Su compañero, James Watson, le escuchaba orgulloso, pensando en la majestuosa doble hélice de ADN que acaban de descubrir.
James Watson nació para ser brillante. Fue un "niño prodigio" en un programa de radio durante la guerra e ingresó en la Universidad de Chicago a los quince años. Luego llegó a la Escuela de Graduados de la Universidad de Indiana, donde estudió las mutaciones inducidas por los rayos X y en Nueva York realizó un proyecto de investigación sobre los efectos de éstos sobre los fagocitos. En mayo de 1950, a los 22 años, Watson completó su Doctorado y partió hacia Europa.
Al año siguiente, Watson decidió abandonar su trabajo en un laboratorio danés para instalarse en Cambridge, Gran Bretaña. Conoció en un congreso al neozelandés Maurice Wilkins, quien estaba intentando discernir la estructura molecular del ADN en el King's College de Londres, utilizando la técnica de difracción de rayos X, que había sido rutinariamente utilizada desde principios de siglo para averiguar la estructura interna de los cristales de pequeños compuestos inorgánicos. Watson fue incapaz de conseguir una invitación para ir a trabajar con Wilkins.
Durante su primer día en Cambridge, Watson conoció a Francis Crick, un físico británico de 35 años que aún era estudiante de doctorado y estudiaba la estructura de las proteínas. Pronto estuvieron de acuerdo en colaborar uniendo sus conocimientos y compartir la aventura de determinar la estructura del ADN, antes que Linus Pauling, del Instituto de Tecnología de California, en Estados Unidos.
En aquel momento no existían potentes computadoras para calcular y visualizar la estructura de grandes moléculas como la del ácido desoxirribonucleico. A principios de los cincuentas, la tecnología disponible era la difracción de rayos X, algo así como una radiografía, y la imaginación. Con estos dos componentes, Watson y Crick se lanzaron a la tarea.
A falta de medios más sofisticados, los jóvenes científicos tomaron trozos de cartón, metal y varillas, comenzando a probar las mil y una maneras de dar forma al ácido nucleico.
Paralelamente, en el otro centro de investigación, el King’s College en Londres, una mujer consagraba su trabajo a radiografiar la deseada molécula. Una de las fotografías obtenidas por Rosalind Franklin fue la que proporcionó la prueba definitiva de que el material genético forma una doble hélice. Sin embargo, la importante aportación de Franklin ha quedado empañada y sin reconocimiento durante muchos años.
Rosalind Franklin nació en Inglaterra y se graduó de la Universidad de Cambridge, no sin antes salvar la oposición paterna. Hizo estudios fundamentales de microestructuras del carbón y del grafito como base de su Doctorado en Química Física.
Había trabajado tres años en París, en el Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado, hasta que el jefe de la Unidad de Investigación en Biofísica en el King’s College de Londres, Sir John Randall, la invitó a trabajar con él como investigadora asociada.
Rosalind tuvo oportunidad de aplicar sus conocimientos en el laboratorio de Randall, que se encontraba en el mejor nivel de desarrollo y había realizado ya algunos análisis de difracción del ADN. Era una mujer brillante, analítica e independiente, que tuvo que sufrir la pesada atmósfera de club masculino del King's College.
En el laboratorio de Randall fue compañera de Maurice Wilkins, con quien nunca congenió, ya que se empeñaba en tratarla como asistente y no como colega. A este científico le incomodaba la presencia en el lugar de Rosalind Franklin, quien a los 32 años era considerada como la mejor cristalógrafa del mundo. Wilkins sentía que Franklin pretendía trabajar en "su" proyecto. Lamentablemente, la misoginia y la competencia llevó la relación entre ambos a un conflicto permanente.
Sin embargo, Rosalind Franklin era una mujer de carácter. A principios de 1953, descubrió que el ADN tenía una estructura helicoidal. Obtuvo dos pruebas: una imagen y unas medidas del ADN, pero no las publicó rápidamente, su gran error. Wilkins fue el primero en reconocer los ácidos nucleicos y no estaba dispuesto a la competencia interna.
Watson había tenido ocasión de asistir a la clase que dio Franklin sobre el avance de sus investigaciones. Rápidamente, él y Francis Crick se pusieron a la tarea de imaginar su estructura, trabajando con modelos atómicos a escala.
Watson y Crick invitaron a Franklin y Wilkins para darles a conocer su propuesta. Ésta consistía en un modelo helicoidal con tres cadenas. Rosalind Franklin pulverizó sus argumentos y sólo la conocida flema inglesa impidió la catástrofe. De todos modos, el rumor llegó a la cabeza del laboratorio, Sir Lawrence Bragg, quien decidió prohibir a Watson y Crick que continuaran sus estudios en el ADN.
Impedidos para realizar experimentos, Watson y Crick dedicaban su tiempo a la realización de modelos teóricos de hojalata. Una mañana, llegó un manuscrito de Linus Pauling desde Estados Unidos, en el cual detallaba sus conclusiones acerca de la estructura del ADN a su hijo Peter, que por casualidades del destino compartía oficina con Crick y Watson. Pauling, el químico más eminente de su época, representaba un duro competidor para ellos, que ni siquiera tenían acceso al laboratorio para hacerle pruebas al ADN.
Watson y Crick leyeron el manuscrito y corrieron al King's College con las noticias de Pauling. Allí se encontraron en un pasillo con Rosalind Franklin, quien se enojó mucho, porque el manuscrito que Watson llevaba en la mano contenía información que hacía un mes ella había solicitado infructuosamente al laboratorio de Pauling.
Wilkins llegó en ese momento y empujó a Watson a su despacho. Eufórico, le mostró “inocentemente” una excelente fotografía de difracción que Franklin acababa de tomar de la estructura helicoideal del ADN, sin dar aviso a su autora, ni a su jefe Randall. Watson la vió, abrió la boca y su pulso se aceleró. La solución era evidente.
Esta imagen es conocida hoy como la famosa “Fotografía 51” y reveló una estructura repetida y tridimensional del ADN. El hecho de que Wilkins la mostrara sin su consentimiento a Watson no pareció molestar demasiado a Franklin, quien estaba ilusionada con el futuro.
Poco después, otro científico inglés les pasó a Crick y Watson una copia del informe de Rosalind Franklin a Sir John Randall, con las mediciones de la mujer, por lo que ellos pusieron toda su energía en refinar el descubrimiento.
Rosalind Franklin había deducido, mediante cálculos precisos, que las cadenas del ADN eran dos. Además, había calculado varios parámetros de la hélice, como la distancia o período de repetición.
Los datos de Franklin determinaron el curso de la investigación de Watson y Crick. En un mes, lograron armar a un modelo teórico para la estructura del ADN, esta vez sin la presencia de la científica.
La doble hélice de Watson y Crick permitía atar diversos cabos en la estructura y funcionamiento de los genes, como la replicación del ADN. Las dos hebras le permiten a la molécula separarse y replicarse, por lo que a partir de una cadena de ADN se forman dos idénticas, una de las cuales se transfiere de los padres a los hijos, lo que constituye la herencia.
Después de tantas intrigas y no sin dificultades personales, Watson y Crick no se equivocaron cuando anunciaron en el pub Las Águilas que habían encontrado “el secreto de la vida”.
Los resultados de su trabajo y el hallazgo de la estructura fueron presentados a la comunidad científica en abril de 1953, al ser publicados en la revista Nature. Crick y Watson no aclararon que habían utilizado el trabajo de Rosalind Franklin, aunque reconocieron que fueron "estimulados por los resultados e ideas sin publicar de Wilkins y Franklin".
Los datos generados por esta científica llegaron a manos de Watson y Crick sin el conocimiento de su autora y su nombre no llegó a figurar entre los firmantes de la publicación que más tarde recibió el premio Nobel. Watson reconoció su aporte hasta 1968, quince años después, en su libro “La Doble Hélice”.
Franklin no se enfadó, sino que estaba contenta porque otros habían corroborado su modelo. A la fecha de publicarse ese artículo, dejó el King's College por el Birkbeck's y se dispuso a escribir un reporte corroborando a su vez, injustamente, el modelo de Crick y Watson, que era en realidad el suyo.
La voluntariosa investigadora murió de cáncer de ovario cuatro años después, en 1958, a la edad de 37 años. Esos últimos años fueron los más productivos de su corta vida, al publicar 17 trabajos. Continuó trabajando al más alto nivel hasta pocas semanas antes de su muerte.
A pesar de que los dos investigadores aseguran que Rosalind Franklin nunca expresó resentimiento ni se sintió robada, muchos opinan que este episodio simboliza los ataques y abusos que las mujeres de ciencia han tenido que sufrir por parte de sus compañeros masculinos.
Era una época donde la misoginia invadía particularmente los ambientes académicos. La científica era considerada una mujer “conflictiva” y “nada femenina”.
Watson y Crick han reconocido que la veían como “la muchachita” con la que comentaban las cosas, pero que nunca le dieron su lugar como investigadora, hasta muchos años después.
En su libro, James Watson tiene comentarios sexistas para la científica. La pinta como una subordinada de Maurice Wilkins, cuando de hecho eran pares en el laboratorio de Randall y éste le había dado a ella, no a él, la tarea de poner en claro la estructura de ADN.
Watson la llama de forma desdeñosa "Rosy" y se pregunta "cómo sería si se quitara las gafas e hiciera algo distinto con su cabello", aunque en el epílogo admite que sus primeras impresiones sobre ella “eran erróneas”. Demasiado tarde, reconoció las luchas que debió enfrentar Franklin y que el ambiente de aquella época no fue nada favorable para “una mujer inteligente”.
Francis Crick, en su libro "¡Qué Loco Propósito!", admite que en el King’s College había restricciones irritantes para Rosalind. Por ejemplo, no se le permitía tomar café en una de las salas reservada sólo para los hombres, algo que para él y mucha gente era un asunto trivial “para aquella época”.
En 1962, Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins, el colega de Rosalind, recibieron el premio Nobel de Medicina y Fisiología por el descubrimiento de la estructura del ADN.
La Doctora Rosalind Franklin ya no estaba para acompañarlos y a ninguno se le ocurrió mencionarla. El galardón no se concede con carácter póstumo y tampoco se comparte entre más de tres personas. ¿Qué hubiera pasado si la científica hubiera estado aún viva en ese momento?
Por su parte, Linus Pauling, el autor del manuscrito que desató todo, no tuvo acceso hasta mucho después a las fotografías de Rosalind Franklin. Cosas de la política: cuando Pauling quiso visitar Inglaterra en mayo de 1952, su pasaporte no le fue otorgado por sospecha de comunismo. Si ello no hubiera sucedido, la historia del ADN sería probablemente distinta.
Aunque el modelo de ADN que Pauling describía a su hijo en el famoso manuscrito que Watson enseñó a Wilkins estaba equivocado, exactamente al contrario de como es la molécula en realidad, sin duda sirvió de base para el de Watson y Crick.
No hay que sentir lástima por Pauling. Aunque perdió su oportunidad de recibir el premio Nobel de Medicina y Fisiología, el químico de Oregon fue galardonado a lo largo de su vida con otros dos: el de Química, por sus estudios sobre la naturaleza del enlace químico y el de la Paz, por haber promovido y participado activamente en una asociación de científicos en contra de las armas nucleares.
Años después, los descubridores de la doble hélice han reconocido las aportaciones de Rosalind Franklin.
"Somos famosos porque el ADN es muy famoso. Si Rosalind hubiera hablado con Francis Wilkins desde 1951 y compartido sus datos con él, ella hubiera resuelto esa estructura. Y entonces ella hubiera sido la famosa", reconoció James Watson
En realidad lo que Watson y Crick hicieron fue armar el rompecabezas del ADN, lo cual no deja de tener su mérito, pero es una vergüenza que Franklin no recibiera el crédito que le correspondía por su papel esencial en este importante descubrimiento, ya fuera durante su vida o después de su temprana muerte.
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