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HISTORIA DE LA PLUMA FUENTE

Tema Redes 417 7 de AGOSTO de 2010
HISTORIA DE LA PLUMA FUENTE

Investigación y Guión: Conti González Báez

La escritura manual es uno de los grandes inventos de la humanidad. Los primeros instrumentos eran muy simples: dedos y palmas de las manos, mojados en pigmentos mezclados con grasa animal.

El uso sistemático de la escritura manual, empleada para asuntos oficiales, emergió durante la era de la Civilización de los Grandes Ríos, con los caracteres cuneiformes de babilonios y caldeos, hace 5,000 años. Tablas de arcilla fresca eran preparadas para hacer en ellas marcas mediante incisiones en el material.

Otra forma de escritura del mismo período, usaba jeroglíficos pintados mediante brochas y tintes en papiros o incrustados con puntas afiladas en monumentos egipcios. Se hacía un pequeño agujero para dejar una zona reservada; la tinta se vertía y al caer iba quedándose en las marcas.

Los egipcios usaban también un junco cortado al través, formando una punta suave que podía utilizarse como pincel. Más tarde fue sustituido por cálamo, una caña rígida y afilada que permitía una escritura más fina. La tinta egipcia, negra o roja, era sumamente duradera; se hacía mezclando hollín, agua y goma.

Los griegos empleaban estiletes de metal, hueso o marfil para hacer marcas sobre tablillas cubiertas de cera. El académico Cadmus inventó la carta escrita para enviar mensajes.

Los chinos inventaron la “tinta india”, una mezcla de hollín de pino, aceite y gelatina de origen animal. Otras culturas desarrollaron diversos tintas a partir de pigmentos vegetales y minerales. Los romanos crearon plumas de bejuco y bambú.

Por su abundancia y fácil manejo, el instrumento de escritura que dominó durante más de mil años fue la pluma de ave, surgida hace 2,700 años. Las preferidas, para personas diestras, eran las del lado izquierdo de las aves, debido a que su curvatura se adaptaba mejor a la mano.

Las más comunes eran de ganso, mientras que las de cisne eran mejores, aunque escasas y, por lo tanto, más caras. Para hacer líneas finas, las de cuervo eran las ideales. También se utilizaron de águila, búho, halcón y pavo. Para afilarlas, se usaba un cuchillo especial, el cortaplumas.

Leonardo da Vinci intentó mejorar los instrumentos de escritura de su época. En su obra "Atlantic Codex" describe dos bolígrafos con tapas, utilizadas para retener la tinta. Por un lado tienen un compartimiento cerrado para retenerla y por el otro la punta, que seccionada verticalmente forma una plumilla.

En 1702, el francés Nicolás Bion diseñó la primera pluma fuente que se ha conservado hasta nuestros días. Fue un ingeniero de la corte de Luis XIV y es famoso por la descripción y dibujo de la "pluma sin fin" o estilográfica.

El origen de la pluma moderna a fines del siglo XIX es curioso. Su inventor, Lewis Waterman, perdió una gran suma de dinero al derramar la tinta de su pluma sobre el contrato de seguros que estaba a punto de firmar con un cliente millonario.

Para que no volviera a sucederle semejante accidente, se dedicó a construir un plumín que permitiera la entrada de aire en el depósito de la tinta, que se conoce como capilaridad, haciendo que fluyera de forma uniforme mientras se escribía. Así nació la primera pluma estilográfica moderna, la Pluma Fuente Ideal de Waterman.

La punta con una bolita fue inventada por John Loud en 1888. La bolita es de menor tamaño que la cápsula donde se halla y, al girar, permite que la tinta salga al exterior al tiempo que el aire fluye.

Siguiendo con las mejoras en el flujo de tinta, George Parker patentó en 1894 un nuevo alimentador, curvado en su extremo y que tocaba el interior del depósito, lo que hacía que el sobrante de tinta al escribir fuera atraído hacia dentro por la capilaridad, evitando así las molestas manchas en los dedos.

Una vez inventado el sistema de flujo, el problema que se planteó fue rellenar las plumas, pues hasta entonces se hacía con un cuentagotas. En 1897, Roy Conklin inventó el primer mecanismo práctico de autollenado, llamado de media luna.

Más popular fue el sistema inventado por Walter Sheaffer en 1907. Mejoró la idea anterior, sustituyendo la media luna por una palanca que se embutía en el cuerpo de la pluma.

Sheaffer introdujo en 1924 sus primeras plumas Lifetime en celuloide, material que reinó en el mundo de la estilográfica hasta la llegada del termoplástico inyectado en moldes. Los demás fabricantes se incorporaron poco a poco a esta nueva corriente.

A finales de los años 20, Parker desarrolló un mecanismo de llenado por vacío que eliminaba el depósito de goma de media luna, llenando de tinta el cuerpo de la pluma.

En Europa, Pelikan desarrolló en 1929 su primera pluma de émbolo, el modelo 100. Este mecanismo tuvo gran aceptación y diversos fabricantes lo adoptaron para sus plumas, hasta nuestros días.

El desarrollo de la pluma había estado centrado en detalles técnicos. Aunque la moda había cambiado, pasando de formas rectas a extremos cónicos y plumas con metales preciosos, el aspecto de la estilográfica era un factor importante.

Con la difusión masiva del nuevo instrumento de escritura y la llegada de los "locos años veinte" la forma y el color pasaron a ser un motivo diferenciador.

Parker lanzó al mercado el modelo Duofold, una pluma de gran tamaño, en un provocador color rojo-naranja y con un precio que no estaba al alcance de la mayoría. El éxito fue arrollador.

El Art Decó aprovechó las posibilidades de los plásticos. Esta corriente artística se puede observar en los diseños de Wahl Eversharp, la Omas Lucens y la Patrician de Waterman, una de las plumas con mayor empaque en la historia de la estilográfica.

Por su parte, Sheaffer intervino en esta guerra de las formas con la introducción en 1930 de su nueva línea Balance en forma de huso, que inició la moda de los instrumentos aerodinámicos. El modelo con bolita de John Laud fue mejorado en 1938, 50 años después de su invención, por los húngaros Ladislo y George Biro.

Uno de los problemas técnicos pendientes era obtener tinta de secado rápido. Parker desarrolló una que actuaba penetrando más en el papel y usó el lucite, material acrílico que no se alteraba con la tinta.

El diseño de la nueva pluma del famoso artista húngaro Moholy-Nagy, perteneciente al movimiento Bauhaus, fue revolucionario. Seguía la moda aerodinámica, con la forma de un fuselaje de avión; su plumín estaba carenado, para evitar que la tinta se secara.

El modelo se denominó 51, número del aniversario de Parker, en 1939; además, un nombre no alfabético podía identificarse en cualquier idioma.

El éxito fue tal que otras compañías siguieron el ejemplo de Parker, lanzando al mercado estilográficas similares con plumín carenado, como el modelo 88, desarrollado por la firma italiana Aurora.

En 1950 fue introducido el cartucho de tinta desechable, de plástico o vidrio y fácil de reemplazar, con un éxito inmediato. La introducción del bolígrafo o pluma atómica opacó la invención del cartucho y acabó con el negocio de las plumas fuente, que se convirtieron en instrumentos de escritura clásicos y de colección.

Para conocer más acerca del tema le sugerimos visitar el Museo de la Pluma, inaugurado en 1988 por el Club Mexicano de Coleccionistas de Plumas en instalaciones del IPN.

Desde octubre de 2003, su nueva sede es el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec, ubicado en Av. Tecnológico esquina Av. Carlos Hank González, Col. Valle de Anáhuac.

La colección incluye plumas de varios estilos, materiales y formas. El acervo supera las 8,000, de las cuales son exhibidas cerca de 2,000. También hay fotografías, carteles, libros, revistas, periódicos, videos y otros documentos relacionados con el tema.
Se exhiben plumas de personajes como Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Manuel M. Ponce, Gabriela Mistral y Salvador Dalí. También aquellas con las cuales se firmaron las constituciones mexicanas de 1857 y 1917, la que usó Lázaro Cárdenas para firmar la expropiación petrolera y las primeras plumas atómicas de 1948, entre otras piezas históricas.



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